depresionCuando imaginamos a una persona deprimiéndose solemos creer que se tratará de alguien a quien veamos claramente triste, que apenas sale de casa, que llorará, que nos dirá que nada le anima, que no le apetece comer, que no se divierte, que tendrá un motivo claro para que haya empezado a sentirse así y que pedirá ayuda cuando pueda. Sin embargo, no siempre es así. La autoestima de una persona deprimida suele estar dañada y se siente tan impotente como inadecuada. A veces quiere darnos una cara amable, no quiere hablar de su tristeza, no quiere “molestar con sus cosas”, e incluso, sonríe.
Debemos recordar que a veces no hace falta un motivo muy claro y altamente llamativo para deprimirse. Debemos tratar de escuchar lo que realmente nos dicen o no nos dicen nuestras personas cercanas (como poco tratar de hacerlo con ellas), independientemente de que veamos una sonrisa. Si algo te dice que una persona de tu entorno no está bien, escucha, indaga, y recuerda que, a veces, la sonrisa es sólo una defensa.

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